Si Dios me quiere feliz, ¿Por qué sufro? John Piper

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5 Propósitos para el Sufrimiento Cristiano. John Piper

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Respuesta Bíblica al Coronavirus. Paul Washer

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SOLO POR GRACIA. PAUL WASHER

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EL BIEN QUE TRAE LA AFLICCIÓN. JOHN PIPER.

Transcripción.

“5 formas en las que la Aflicción nos ayuda”.

“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu Palabra” (Salmos 119:67).

      Este versículo muestra que Dios envía aflicciones para ayudarnos a aprender su Palabra. ¿Cómo funciona?; ¿Cómo nos ayuda la aflicción a aprender y obedecer la Palabra de Dios? Hay innumerables respuestas, ya que hay innumerables experiencias de esta gran misericordia. Pero aquí hay cinco:

  1. La aflicción suprime el engaño de la vida y nos hace más serios, de forma que nuestra mentalidad esté más en sintonía con la seriedad de la Palabra de Dios. Y marca esto: no hay una sola página simplista en el libro de Dios.

  2. La aflicción nos quita los apoyos mundanos y nos fuerza a confiar más en Dios, lo cual nos pone más en sintonía con el objetivo de la Palabra. El objetivo de la Palabra es que esperemos en Dios y confiemos en Él. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. (Romanos 15:4); “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”. (Juan 20:31)

   3. La aflicción nos hace buscar las Escrituras con mayor desesperación en busca de ayuda, en lugar de tratarlas como algo marginal en nuestra vida. “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. (Jeremías 29:13)

   4. La aflicción nos hace compañeros en los sufrimientos de Cristo, de forma que tengamos mayor comunión con Él y veamos el mundo más fácilmente a través de sus ojos. El gran anhelo del corazón de Pablo era “conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en su muerte”. (Filipenses 3:10)

   5. La aflicción mortifica los deseos carnales, que nos engañan y distraen, y nos ponen en un marco más espiritual que encaja mejor con la Palabra de Dios. “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado”. (1 Pedro 4:1).

      El sufrimiento tiene un gran efecto de matar el pecado. Y cuanto más puros somos, más claramente vemos a Dios. (Mateo 5:8)

     Que el Espíritu Santo nos dé gracia para no renegar de la forma de enseñar de Dios a través del dolor.

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Pasaje para hoy y cita.

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Jesús, la resurrección y la vida.

17. Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.

18. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios;

19. y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.

20. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.

21. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

22. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

23. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

24. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

25. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

26. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

27. Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

Jesús llora ante la tumba de Lázaro.

28. Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.

29. Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él.

30. Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.

31. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.

32. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.

33. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,

34. y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve.

35. Jesús lloró.

36. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.

37. Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?

Resurrección de Lázaro.

38. Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.

39. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.

40. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?

41. Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.

42. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

43. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: !!Lázaro, ven fuera!

44. Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

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Pasaje para el día de hoy.

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El Contentamiento Viene de Dar

«Este artículo originalmente apareció aquí en Gracia a Vosotros.”

https://www.gracia.org/library/articles/GAV-A112/el-contentamiento-viene-de-dar

El Contentamiento Viene de Dar

Si usted vive para sí mismo, nunca estará contento. Muchos de nosotros no experimentamos el contentamiento porque demandamos que nuestro mundo sea exactamente como nosotros queremos que sea. Queremos que nuestro cónyuge cumpla nuestras expectativas y agenda. Queremos que nuestros hijos se ajusten y cumplan un plan que ya teníamos preestablecido para ellos. Y queremos que todo lo demás esté en su perfecto lugar, en nuestro pequeño mueble en donde acomodamos cada elemento de la existencia.

Pablo oró para que los filipenses tuvieran una perspectiva diferente. Él comenzó su epístola a ellos con una oración para que el amor del uno por el otro abundara (Fil. 1:9); y también les dio este consejo práctico: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Fil. 2:3). Él quería que se olvidaran de ellos mismos al estar ocupados por el bienestar de los demás. Éste fue el ejemplo que les dio a ellos y a nosotros también:

“Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, o filipenses, que al principio de la predicación del Evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádiva, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil. 4:14-19).

Aunque Pablo estaba seguro de la providencia de Dios, independiente de sus circunstancias, y fortalecido por el poder divino, él sabía cómo escribir una amable carta de agradecimiento. Él quería que los filipenses supieran que habían hecho algo noble cuando atendieron sus necesidades. Ellos eran una iglesia pobre de Macedonia (un área cuya pobreza es descrita en 2 Co. 8-9) que aparentemente mandó comida, ropa y dinero a Pablo a Roma por medio de Epafrodito. Su generosidad impresionó a Pablo.

Note lo que le hizo más feliz con respecto al regalo: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta” (Fil. 4:17). Él estaba más interesado en el beneficio espiritual de ellos que en su propia ganancia material. Estar cómodo, bien alimentado y satisfecho no eran las preocupaciones más importantes en la vida de Pablo. Él estaba interesado en acumular intereses eternos en las vidas de las personas que amaba. Aquí están los principios escriturales que se aplican:

Proverbios 11:24-25: “Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada, y el que saciare, él también será saciado”.

Proverbios 19:17: “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar”.

Lucas 6:38: “Dad, y se os dará”.

2 Corintios 9:6: “Pero esto digo: El que siembre escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”.

Pablo describió el regalo que él había recibido como “olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Fil. 4:18). Él usó una imagen del Antiguo Testamento para decir: “No solo me lo dieron a mí, sino también se lo dieron a Dios”. Al principio de este pasaje, en el versículo 10, notamos qué feliz estuvo Pablo por recibir este regalo. Su gozo no era porque finalmente había recibido lo que él tanto esperaba (como vimos en el versículo 11, él amablemente menciona que no lo necesitaba), sino porque los filipenses le habían dado algo que honraba a Dios y se les acumularía para su beneficio espiritual.

Lo que ellos hicieron llevó a Pablo a decir al final: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (v. 19). Ése es uno de los versículos más citados en toda la Escritura, pero se debe poner en su contexto. Pablo estaba diciendo, “Ustedes me dieron en una forma que los dejó en necesidad. Les quiero asegurar que Dios no permanecerá en deuda. Él proveerá para sus necesidades”. Se refiere a las necesidades materiales del mundo sacrificadas por los filipenses que Dios les repondría generosamente en respuesta a su sacrificio.

Si en la misma manera, usted “honra a Jehová con tus bienes… y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Pro. 3:9-10), Dios no solo le dará bendiciones espirituales y no le dejará morir de hambre. Si está en Cristo, los bienes de Dios en gloria son suyos. Es por eso que, como aprendimos en el primer capítulo, no debemos estar preocupados por lo que comemos, bebemos o vestimos. Sino que debemos “buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia; y…no os afanéis” (Ma. 6:33-34).

Ataque la ansiedad en su vida aplicando lo que ha aprendido sobre el contentamiento. Tenga confianza en la providencia soberana de Dios; y no permita que las circunstancias le angustien. En vez de entrar en pánico, aférrese a la promesa de Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados”. Considere ese versículo como un sustento espiritual para el resto de su vida.

Resista también la tendencia de nuestra sociedad materialista y egoísta sintiéndose satisfecho con poco; y esté más preocupado por el bienestar espiritual de otros que por sus necesidades materiales. Sea obediente a la Palabra de Dios y esté seguro de Su poder para proveer todas sus necesidades. Que el Señor guarde todos estos principios en nuestras mentes para que estemos contentos – ¡y libres de la ansiedad!

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org
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Meditaciones sobre la Oración. Paul Washer

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John MacArthur – ¿Cómo saber si somos salvos?

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