“La Gloria de Dios”. John Piper. Devocional nº3: Jesús vino al mundo.

Jesús vino al mundo.

(Transcripción).

Hoy, pasamos al acto de Dios de salvarnos de la confusión en la cual nos metimos, por causa de nuestro caso de amor con la gloria de los hombres, en vez de la gloria de Dios.

Y 1ª Timoteo 1:15: “Esta afirmación es fiel y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar pecadores”, para salvar personas que lanzaron su gloria a la basura. Y establecemos la conexión de esta forma: 2ª Corintios 4:4, “El dios de este siglo”, que es Satanás, “cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no vean la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. ¡Entonces, aquí el evangelio es llamado “el evangelio de la gloria de Cristo”!

Entonces lo que ocurre es que Dios, al enviar a Cristo para morir en nuestro lugar, no apenas nos rescata de nuestra falla de vivir para su gloria; sino que en aquel exacto momento, Él está manifestando el ápice de su gloria. El más glorioso acto que Dios realizó o realizará jamás, es amarnos enviando a su Hijo para vindicar su gloria, para rescatarnos de nuestra falla de vivir para su gloria.

Permítame ofrecerle otro texto que nos expresa la belleza y la gloria de esa salvación: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me libertó de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por estar debilitada por la carne, Dios lo hizo”, y aquí va: “Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo, en semejanza de carne de pecado, y así condenó el pecado en la carne”. Ahora, ¿de quién era el pecado que Él condenó? Jesús no tenía pecado. ¡Fue el mío! Dios condenó mi pecado en la carne. ¿En la carne de quién? ¡No en la mía! ¡Mira, yo estoy sentado delante de ti, no estoy en el infierno! ¿Era la carne de quién? Era la carne de Jesús. Ese es uno de los pasajes más claros, Romanos 8:3 sobre el castigo dado por Dios a su propio Hijo, por amor a mí, para que mis pecados recibieran el debido castigo, su gloria fuese vindicada, y yo andase en alegría perpetua.

Entonces, contempla hoy la libertad que Dios te ofrece, mediante el perdón, mediante la justificación, y mediante la sustitución de su Hijo por ti. Para que todas tus fallas en vivir para la gloria de Dios puedan ser, y son, mediante la fe, perdonadas.

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