EL BIEN QUE TRAE LA AFLICCIÓN. JOHN PIPER.

Transcripción.

“5 formas en las que la Aflicción nos ayuda”.

“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu Palabra” (Salmos 119:67).

      Este versículo muestra que Dios envía aflicciones para ayudarnos a aprender su Palabra. ¿Cómo funciona?; ¿Cómo nos ayuda la aflicción a aprender y obedecer la Palabra de Dios? Hay innumerables respuestas, ya que hay innumerables experiencias de esta gran misericordia. Pero aquí hay cinco:

  1. La aflicción suprime el engaño de la vida y nos hace más serios, de forma que nuestra mentalidad esté más en sintonía con la seriedad de la Palabra de Dios. Y marca esto: no hay una sola página simplista en el libro de Dios.

  2. La aflicción nos quita los apoyos mundanos y nos fuerza a confiar más en Dios, lo cual nos pone más en sintonía con el objetivo de la Palabra. El objetivo de la Palabra es que esperemos en Dios y confiemos en Él. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”. (Romanos 15:4); “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”. (Juan 20:31)

   3. La aflicción nos hace buscar las Escrituras con mayor desesperación en busca de ayuda, en lugar de tratarlas como algo marginal en nuestra vida. “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. (Jeremías 29:13)

   4. La aflicción nos hace compañeros en los sufrimientos de Cristo, de forma que tengamos mayor comunión con Él y veamos el mundo más fácilmente a través de sus ojos. El gran anhelo del corazón de Pablo era “conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en su muerte”. (Filipenses 3:10)

   5. La aflicción mortifica los deseos carnales, que nos engañan y distraen, y nos ponen en un marco más espiritual que encaja mejor con la Palabra de Dios. “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado”. (1 Pedro 4:1).

      El sufrimiento tiene un gran efecto de matar el pecado. Y cuanto más puros somos, más claramente vemos a Dios. (Mateo 5:8)

     Que el Espíritu Santo nos dé gracia para no renegar de la forma de enseñar de Dios a través del dolor.

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